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Una Poética

8 Poemas

 

 

8 Poemas

 

  GIACOMO CASANOVA ACEPTA EL CARGO DE BIBLIOTECARIO QUE LE OFRECE, EN BOHEMIA, EL CONDE DE WALDSTEIN
   
  CANTO XXXV
   
  LA PRUEBA
   
  FE DE VIDA
 
  ZAMIRA AMA LOS LOBOS
 
  LETANÍA DEL CIEGO QUE VE
 
  EN EL LUGAR DEL ODIO
 
  CONOCÉIS EL LUGAR
   

 

 

 

GIACOMO CASANOVA ACEPTA EL CARGO DE BIBLIOTECARIO QUE LE OFRECE, EN BOHEMIA, EL CONDE DE WALDSTEIN

 

Escuchadme, Señor: tengo los miembros tristes.

Con la Revolución Francesa van muriendo

mis escasos amigos. Miradme: he recorrido

los países del mundo, las cárceles del mundo,

los lechos, los jardines, los mares, los conventos,

y he visto que no aceptan mi buena voluntad.

Fui abad entre los muros de Roma y era hermoso

ser soldado en las noches ardientes de Corfú.

A veces he sonado un poco el violín

y vos sabéis, Señor, cómo trema Venecia

con la música y arden las islas y las cúpulas.

Escuchadme, Señor: de París a Moscú

he viajado en vano, me persiguen los lobos

del santo Oficio, llevo un huracán de lenguas

detrás de mi persona, de lenguas venenosas.

Y yo sólo deseo salvar mi claridad,

sonreír a la luz de cada nuevo día,

mostrar mi firme horror a todo lo que muere.

Señor: aquí me quedo en vuestra biblioteca,

traduzco a Homero, escribo de mis días de entonces,

sueño con los serrallos azules de Estambul.

 

(De Sepulcro en Tarquinia)

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CANTO XXXV

 

Me he sentado en el centro del bosque a respirar.

He respirado al lado del mar fuego de luz.

Lento respira el mundo en mi respiración.

En la noche respiro la noche de la noche.

Respira el labio en labio el aire enamorado.

Boca puesta en la boca cerrada de secretos,

respiro con la savia de los troncos talados,

y como roca voy respirando el silencio,

y como las raíces negras respiro azul

arriba en los ramajes de verdor rumoroso.

Me he sentado a sentir cómo pasa en el cauce

sombrío de mis venas toda la luz del mundo.

Y yo era un gran sol de luz que respiraba.

Pulmón el firmamento contenido en mi pecho

que inspirando la luz va espirando la sombra,

que nos anuncia el día y desprende la noche,

que inspirando la vida va espirando la muerte.

Inspirar, espirar, respirar: la fusión

de contrarios, el círculo de perfecta consciencia.

Ebriedad de sentirse invadido por algo

sin color ni sustancia y verse derrotado

en un mundo visible por esencia invisible.

Me he sentado en el centro del bosque a respirar.

Me he sentado en el centro del mundo a respirar.

Dormía sin soñar, mas soñaba profundo

y, al despertar, mis labios musitaban despacio

en la luz del aroma: “Aquel que lo conoce

se ha callado y quien habla ya no lo ha conocido”.

(De Noche más allá de la noche )

^ arriba ^

 

LA PRUEBA

 

Mira: a punto estás de penetrar en el bosque.

Vas a dejar la casa blanca de la cima,

tan plácida, tan llena de música y sosiego,

y ahí te espera el bosque impenetrable.

Irremediablemente deberás cruzarlo:

el bosque que desciende por ladera escabrosa,

el bosque en que no hay nadie

y el bosque en el que puede haber de todo,

el bosque de humedades venenosas,

morada de lo negro,

y de una luz que enturbia la mirada.

Entra en él con cuidado y sal sin prisas,

mas nunca se te ocurra abandonar la senda

que desciende y desciende y desciende.

Mira mucho hacia arriba y no te olvides

de que este tiempo nuestro va pasando

como la hoz por el trigo.

Allá arriba, en las ramas,

no hay luces que te ciegan, si es de día.

Y si fuese de noche,

la negrura más honda la siembran faros ciertos.

Todo lo que está arriba guía siempre.

Mira: te espera el bosque impenetrable.

Recuerda que la senda que lo cruza

–la senda como río que te lleva–,

debe ser dulce cauce y no boa untuosa

que repta y extravía en la maraña.

Que te guíe la música que dejas

–la música que es número y medida–

y que más alta música te saque

al fin, tras dura prueba, a mar de luz.

(De Los silencios de fuego )

 

FE DE VIDA

 

Esperar junto a este mar en el que nacieron las ideas

sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas.)

Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,

el aroma del azahar, la noche de las orquídeas

en las calas olvidadas.

Sólo permanecer viendo el ave que pasa

y no regresa; quedar

esperando a que el cielo amarillo

arda y se limpie con los relámpagos

que llegarán saltando de una isla a otra isla.

O contemplar la nube blanca

que, no siendo nada, parece ser feliz.

Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,

sobre las olas que pasan,

como remo perdido.

O seguir, como los delfines,

la dirección de un tiempo sentenciado.

Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,

que se adormecen entre narcisos y faros.

Dejadme, no con la luz del conocimiento

(que nació y se alzó de este mar),

sino simplemente con la luz de este mar.

O con su muchas luces:

las de oro encendido y las de frío verdor.

O con la luz de todos los azules.

Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,

que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,

a los días tensos, a las ideas como cuchillos.

Ser como olivo o estanque.

Que alguien me tenga en su mano

como a puñado de sal.

O de luz.

Cerrar los ojos en el silencio del aroma

para que el corazón –¡al fin!– pueda ver.

Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.

Dejadme compartiendo el silencio

y la soledad de los porches,

la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme

con el plenilunio de los ruiseñores de junio,

que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.

Dejadme con la libertad que se pierde

en los labios de una mujer.

(De Libro de la mansedumbre )

 

ZAMIRA AMA LOS LOBOS

 

Zamira ama los lobos.

Yo quisiera ir con ella a buscarlos

a las tierras más altas,

donde los robledales rojos de Sotillo

han perdido sus hojas en las fuentes,

allá donde los caballos

beben el agua helada de las cascadas

y se espera la nieve

como una bendición.

Tú y yo estamos en este hospital

esperando a la muerte.

No la muerte tuya ni la muerte mía,

sino la de aquellos que nos dieron la vida.

Y éstos, ¿a quiénes pasarán,

cuando mueran, sus muertes?

Tú y yo esperando el final,

el vacío del límite,

mientras la vida brilla y tiembla entre nosotros

como un cuchillo inocente.

Y es que, esperando la muerte de los otros,

esperamos un poco la muerte nuestra.

Quizá, por ello, Zamira ama los lobos.

Quizá, por ello, yo deseo también

salir a buscarlos con ella este mes de diciembre

a los páramos altos, a los prados remotos.

Y podríamos ver los espinos,

y las brasas de sangre del sol

en mimbrales morados.

Puesta ya en nuestros ojos

la venda de la nieve,

que no pensemos más, que ya no nos deslumbre

el acre resplandor de los quirófanos.

Zamira ama los lobos,

quiere escapar del laberinto de piedra y cristal

del dolor.

Zamira: partamos y no regresemos.

(De Tiempo y abismo )

 

LETANÍA DEL CIEGO QUE VE

 

Que este celeste pan del firmamento

me alimente hasta el último suspiro.

Que estos campos tan fieros y tan puros

me sean buenos, cada día más buenos.

Que si en tiempo de estío se me encienden las manos

con cardos, con ortigas, que al llegar el invierno

los sienta como escarcha en mi tejado.

Que cuando me parezca que he caído,

porque me han derribado,

sólo esté arrodillándome en mi centro.

Que si alguien me golpea muy fuerte

sólo sienta la brisa del pinar, el murmullo

de la fuente serena.

Que si la vida es un acabar,

cual veleta, chirriando en lo más alto,

allá arriba me calme para siempre,

se disuelva mi hierro en el azul.

Que si alguien, de repente, vino para arrancarme

cuanto sembré y planté llorando por las nubes,

me torne en nube yo, me torne en planta,

que sean aún semilla mis dos ojos

en los ojos sin lágrimas del perro.

Que si hay enfermedad sirva para curarme,

sea sólo el inicio de mi renacimiento.

Que si beso y parece que el labio sabe a muerte,

amor venza a la muerte en ese beso.

Que si rindo mi mente y detengo mis pasos,

que si cierro la boca para decirte todo,

y dejo de rozar tu carne ya sembrada,

que si cierro los ojos y venzo sin luchar

(victoria en la que nada soy ni obtengo),

te tenga a ti, silencio de la cumbre,

o a ese sol abatido que es la nieve,

donde la nada es todo.

Que respirar en paz la música no oída

sea mi último deseo, pues sabed

que, para quien respira

en paz, ya todo el mundo

está dentro de él y en él respira.

Que si insiste la muerte,

que si avanza la edad y todo y todos

a mi alrededor parecen ir marchándose deprisa,

me venza el mundo al fin en esa luz

que restalla.

Y su fuego

me vaya deshaciendo como llama

de vela: con dulzura, despacio, muy despacio,

como giran arriba extasiados los planetas.

(De Tiempo y abismo )

De El río de sombra, 35 Años de Poesía 1967-2002 (Visor Libros)

EN EL LUGAR DEL ODIO
(11 de Marzo de 2004)

 

Acaso lo más duro y lo más cruel

no sea el abrir violentamente

lo negro en lo blanco:

en la armonía el caos,

en ojos inocentes un cuchillo de ira,

en los labios más tiernos de juventud

la muerte.

Acaso lo más duro sea el odio:

ese odio que establece diferencias,

ese odio que se mama en pecho de odio,

ese odio que se enseña y que se aprende,

que enarbola banderas como pústulas

y que niega brutalmente el amor.

¿Hasta cuándo en el mundo la dualidad más cruel,

la ausencia de armonía?

No me interesa tu patria, dador de males,

eterno sembrador de odios diferentes.

Sabemos que, como primavera temprana,

como ojo inocente, como labio muy tierno,

nunca cesa esperanza de germinar: lo hace

con mayor rapidez que las mareas de sangre.

Este jueves de marzo no llovía

lluvia de odio:

llovían manos mansas,

que a todo y hacia todos se tendían,

suavemente,

como marea de música,

sólo para sanar, para sanarnos.

Por nada cambiaremos esa lluvia de manos.

Eran manos de fuego de un amor

que no quema.

Eran manos que dan y nunca niegan

la palabra, la idea.

Marea del amor, más poderosa

que el odio que se mama y que se escupe,

que la sangre violada.

Muchacha muerta que en la fotografía

levantas dulcemente tu rostro hacia el cielo,

muchacho muerto que pones tu oído en la tierra

como para escuchar sólo música:

estáis, en realidad, durmiendo, durmiendo.

No turbéis más su sueño.

No turbéis más sus sueños.

(inédito )

 

CONOCÉIS EL LUGAR

 

¿Conocéis el lugar donde van a morir

las arias de Händel?

Creo que es aquí, en este espacio

donde se inventa la infinitud de los amarillos;

un espacio en el centro del centro de Castilla

en el que nuestros cuerpos podrían sanar para siempre

si tus ojos y mis ojos

mirasen estos páramos

con piedad absoluta

y en donde hasta el espíritu suele arrodillarse

para hacernos su ofrenda

en rosales de sangre.

En este espacio hay un fuego blanco

en el que viene a expirar esa música

que nos llega de lejos, ¡de tan lejos!

¿Conocéis el lugar donde van a morir

las arias de Händel?

Está aquí, en una tierra con más cielo que tierra,

donde los ruiseñores serenan la alameda

y la alameda serena a los ruiseñores,

y con la emanación

húmeda del tomillo más nocturno,

acude un enjambre de estrellas

a venerar la última espina de Cristo.

Es el lugar donde la luz

llora luz,

y la catedral de los cardos

alza su grito de silencio,

y están solas, muy solas, las vírgenes anunciadas,

y el pueblo amurallado y muerto

asciende vivo sobre un horizonte de lágrimas,

no sé si como un salmo

o como una corona de piedras inciertas.

¿Conocéis el lugar donde van a morir

las arias de Händel?

Está aquí, en el centro del centro de Castilla,

donde por los linderos morados

se tensa, como un arco, la luz;

es un espacio en que la nada es todo

y el todo es la nada,

y en el que junio joven viene por los montes

vertiendo de su copa oro líquido.

Es un lugar en el que el espacio y el tiempo

sólo son una hoguera

que arde y que mantiene su combustión

gracias a nuestras vidas (quiero decir:

gracias a nuestras muertes).

La música que más amáis

aquí tiene su tumba.

Es la música que, a través de la respiración de las espigas,

viene a morir en la luz que respiran nuestros pechos.

(inédito )